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Basta hojear la prensa española para concluir que la corrupción es un fenómeno extranjero: magistrados supremos bajo sospecha en otros países, expresidentes condenados al otro lado de los Pirineos. ¿Acaso aquí no hay altos jueces ni expresidentes bajo sospecha? La diferencia no está en la honradez de nuestros dirigentes, sino en la incapacidad de nuestro sistema para investigarlos y contarlo.

La corrupción siempre está en otra parte

En pocos días, los titulares nacionales pueden informar de sospechas de corrupción en el Tribunal Supremo de Estados Unidos o de la condena de un expresidente de la República Francesa. Son noticias relevantes, y es lógico publicarlas. Lo llamativo es el contraste: cuando la sospecha apunta a nuestras propias altas instituciones, el foco se apaga.

Un lector ingenuo deduciría que los corruptos están fuera. Un lector atento se hará la pregunta incómoda: ¿de verdad España carece de altos magistrados o antiguos gobernantes cuya conducta merezca ser investigada? La respuesta es obvia. Lo grotesco es la causa: un sistema político, institucional e informativo incapaz de juzgarlo y de denunciarlo.

Leer entre líneas

Las noticias sobre la corrupción ajena deben leerse como lo que realmente son: la prueba de que, en otros países, existe un sistema de justicia y de denuncia que funciona. Allí, jueces, fiscales y periodistas son capaces de señalar y juzgar a sus propios poderosos. Lo que debería despertar en nosotros no es complacencia, sino una sana envidia.

La falta de investigación periodística sobre los trapos sucios propios, especialmente los que afectan a la judicatura, revela un ecosistema mediático demasiado cercano al poder, cuando no cautivo de él. Hemos trasladado a asociaciones internacionales de prensa nuestra extrañeza por que en España no haya periodistas perseguidos por destapar corrupción judicial, y la respuesta recibida fue, en esencia, que en España no existe ese problema. La imagen exterior del país parece ignorar lo que ocurre dentro de sus instituciones.

Una prensa bajo presión

El diagnóstico no es solo nuestro. Reporteros Sin Fronteras, en su perfil de España dentro de la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa, alerta de un clima de presión judicial sobre los periodistas: querellas por revelación de secretos o por difamación promovidas por responsables políticos y por jueces, y un aumento de las demandas abusivas conocidas como SLAPP. En la edición de 2026, España ocupa el puesto 29 de 180 países.

A ello se suma un marco que desincentiva la investigación:

  • Aforamientos que alejan a los altos cargos del juez ordinario y elevan el coste de denunciarlos.
  • Una Fiscalía cuyo máximo responsable se nombra a propuesta del Gobierno.
  • Querellas y demandas que convierten al denunciante o al periodista en acusado.
  • Medios públicos cuyos órganos de gobierno, según la misma organización, carecen de la independencia que recomienda la normativa europea.

El largo proceso de despertar

Cuatro décadas de privilegios no se desmontan de un día para otro. Que ni la Fiscalía Anticorrupción ni los grandes medios se hagan eco de las denuncias que afectan a la cúpula judicial dice mucho del grado real de libertad y de Estado de Derecho del que disfrutamos. Pero también señala el camino: si las instituciones no investigan, tendrán que impulsarlo los ciudadanos organizados.

Un país no es más limpio porque sus escándalos no salgan en los periódicos, sino porque se investigan cuando aparecen.

Despertar es un proceso lento, pero imparable. Por eso pedimos:

  1. Una transposición ambiciosa de la directiva europea contra las demandas estratégicas que buscan silenciar la participación pública (anti-SLAPP).
  2. La protección efectiva de denunciantes y periodistas conforme a la Ley 2/2023.
  3. La independencia real de la Fiscalía y de los medios públicos.
  4. Una prensa dispuesta a mirar hacia dentro con la misma energía con la que mira hacia fuera.

Cada lector que aprende a leer entre líneas es un paso hacia un país que no necesita mirar fuera para encontrar a los malos. Infórmate, comparte y únete a ACCYDED: estamos en ello.

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